Coctelera de chats - Emiliano

Los clubes cumplían una gran función social que no se limitaba a la educación de los niños y los jóvenes a través del deporte ni era el lugar en el que pasaban el tiempo los mayores alrededor de una mesa jugando a las cartas. No, eran mucho más que eso. Los bailes hicieron que muchas parejas se conocieran, noviaran y hasta se casarán. Cuando mi tía Mafalda llegó con un grupo de amigas, vieron entrar a unos muchachos y discretamente empezaron a murmurar. Todas repararon en uno de ellos por el que se sintieron fuertemente atraídas, menos mi tía Mafalda que dijo  "con cualquiera menos con él". Cuando, después de cincuenta años de casados Roberto (que de él se trataba) falleció, mi tía no halló consuelo. Aseguraba que en ocasiones se le aparecía y charlaban. Roberto me confesó que hasta pasados los treinta años nunca había laburando y que vivía de las minas. Bien parecido, excelente bailarín de tango y seductor de profesión no le faltaban mujeres que lo bancaran. Solía tomar un café con él y cuando veía que yo me llevaba la mano al bolsillo me tomaba del antebrazo y me decía: "quieto pibe, siempre paga el mayor". En su homenaje hago lo mismo hasta el día de hoy. Cuando conoció a mi tía dejó la noche y se empleó en una empresa de seguros hasta que se jubiló. Cuando mi tía falleció fue para mí un duro golpe porque fue mi preferida. Lástima que no hice a tiempo para preguntarle en que estaba pensando cuando dijo "con cualquiera menos con ese". 
Esta historia es real y los nombres no fueron cambiados. Las personas no mueren cuando dejan este mundo sino cuando ya nadie se acuerda de ellos. Mafalda y Roberto viven en mi corazón.

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