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Principio y final - Ma. Teresa

Tiempo en espera


Hubo un tiempo, a destiempo de todo lo lógico y racional. Y yo estaba allí. No sé desde cuándo ni cómo, tan solo allí estaba. Mis ojos asombrados, parpadeaban, goteaban sangre. Mis manos huesudas habían olvidado su función.

Todo era ilógico, surrealista, inquietante. Solo una flor, en medio de la nada, emergía de la ceniza amontonada contra el cordón de la vereda. Color purpura, con espinas, debía defenderse. La dibujé en una vacía pared, con un trozo de mi hueso calcinado, y me acurruque a su lado. Creo haberme dormido tratando de recordar, pero el recuerdo se hallaba escondido muy dentro de mí y no se animaba. Me dormí, mucho, mucho tiempo. 

Desperté con frío, una lluvia ácida caía incesantemente. Era el mismo, nada había cambiado, o sí, no lo sé. Comencé a caminar, alguien me siguió. Y otro, y muchos más, miles, todos vagabundos del tiempo. Tal vez, logremos convencernos de que nunca estuvimos aquí.


Principio y final - Lilian

Lita sabe que las mudanzas son difíciles, casi traumáticas, y ella lo está comprobando cada día que pasa. Después de 30 años viviendo en esa casa, ahora se ha mudado y a pesar de que fue una decisión pensada durante mucho tiempo, cada situación vuelve a ser nueva. En que cajón, estante o rincón habrá puesto “eso” que ahora se le escapa.

Hoy, por ejemplo, son las cartas que le escribió durante años su tía Claudia desde España. Las tenía guardadas en una caja en la que había puesto con rotulador negro “Claudia, Siete Iglesias”. 

Siete Iglesias era el pueblo de su madre, sus abuelos y de su tía. Ella se quedó allá y era la que mandaba las noticias de la familia a Argentina. Siguió haciéndolo cuando su mamá murió y fue agregando fotos y comentarios de todos los parientes que fueron pasando por ahí. En alguno de esos escritos le recordaba a Lita su visita junto a sus padres al viejo pueblo cuando era muy pequeña, también que la caída de su primer diente había sido ahí, que le gustaba correr y gritar por las callejuelas disfrutando del eco que se producía.

Hoy también está nostálgica y entonces recuerda que después de que falleciera su tía, la hija se había conectado con ella por Facebook. Había hablado de los pocos habitantes que quedaban en Siete Iglesias, que ellos conservaban la casa pero que estaban en tratativas de venta con un australiano, aprovechando que parecía haber una moda de comprar casas viejas por muy pocos euros. Entonces comentándolo con sus hijos, los muchachos se entusiasmaron y se fueron con Lita en busca, quizá, de ese pasado familiar.

El pueblo los recibió con esa chatura que ella recordaba, casi sin árboles, sin negocios, sólo los gatos y los techos de tejas musleras semiderruidos. A la pasada por Salamanca, su prima le había dado la llave y no le costó encontrar la casa. Cuando entraron, los hijos no podían creer que en esa pequeñez hubiese vivido tanta gente, que ese fogón hubiese alimentado tantas bocas. Entonces, le vino a la mente el recuerdo de dos fotos que había mandado Claudia: una, justamente alimentando el fuego con leña y, la otra, de una de esas paredes descascaradas en las que sólo se veían tres ladrillos medio sueltos. Impulsada por esa imagen, recorre las paredes y milagrosamente encuentra los ladrillos. Retira uno, su hijo le ayuda y saca los otros que están un poco más pegados.

Pero hay algo más, un pequeño sobre amarillento y sucio.  Cuando lo abren, encuentran un rulito y una vieja peseta con una notita: “Del Ratón Pérez para Lita”. Ella piensa: “de Claudia para Lita”

La emoción los ahoga y tomados de las manos salen los tres corriendo por las calles, gritando para que el eco les devuelva las risas y el viento les seque las lágrimas.

Principio y final - Emiliano

He aquí lo que ocurrió y ojalá así como soy de verdadero sean de crédulas las personas que se tomen la fatigosa tarea de leerme. 

No pocas veces tomamos un breve período de vacaciones en Cosquín. El hotel está construido en un extenso solar y alejado de la ciudad, de modo que organiza sus propias actividades recreativas para hacer de la estancia gratos momentos. Hace algunos años, hicimos una relación de amistad con un matrimonio (Ramón y Nena), un matrimonio grande que habían constituido cuando ambos habían enviudado. Con Ramón nos unía la pasión por el tango y a raíz de ello sosteníamos largas e interesantes charlas. Algún tiempo después volvimos a compartir otras vacaciones y una noche el hotel organizó un concurso de cantores y yo no dudaba de que sería el ganador, pero no fue así ya que el jurado votó por unanimidad a Ramón. Tuve que sobreponerme a ese "disgustillo" que afortunadamente fortaleció nuestra amistad veraniega. 

El pasado verano, y a pesar de que teníamos no uno sino varios proyectos, tuvimos repentinamente la necesidad de volver a Cosquín. Tomamos la habitación y bajamos a la confitería a tomar un café. Allí estaba Ramón pero ya no era el mismo: Nena había fallecido y él, gravemente enfermo, estaba al cuidado de una de sus dos hijas con un avanzado estado de gravidez. Su extremada delgadez no pronosticaba nada bueno (por su hija supimos que sus días estaban contados). Me tomé el atrevimiento de proponerle que cantara y la sorpresa fue mayúscula cuando contrariamente a lo que suponía aceptó de inmediato. Fue entonces cuando me atreví a ir un poco más adelante proponiéndole ensayar tres temas conmigo como a acompañante en guitarra. Los temas elegidos fueron "Barrio pobre", "Como dos extraños" y "Muñeca brava" y a escondidas empezaron los ensayos. 

Durante esos días el médico que lo atendía comprobó una mejoría en su salud, a pesar de que no estaba recibiendo tratamiento alguno, por decisión propia. Algunos días después, nos presentamos con gran suceso en el escenario del salón comedor una vez terminada la cena. Ramón falleció apenas unos días más tarde y la hija dio a luz un hermoso bebé. 

Los milagros no son más que fenómenos físico-naturales no explicados.

Principio y final - Fabiana

Ruidos de cadenas, olor a metal, oscuridad. El cubículo en el que estaba se sacudía a cada rato. No recordaba nada. ¿Tendría padres? ¿Alguna vez tuve amigos? "Me llamo Thomás" pensé. Era lo único que recordaba.

El cubículo se detuvo con un crujido. Pasó un minuto, dos, la oscuridad lo llenaba todo. Sentí un golpe. De repente, se empezó a disipar la niebla y allí estaban: niños de varias edades, de todas las razas, me miraban con ojos de hielo, sus expresiones eran iguales. Quise hablarles, pero no pude. De pronto, una "voz" ordenó:

—¡Cada uno en su puesto! 

Los chicos giraron sobre sus pies y, de forma mecánica, cada uno se dirigió hacía un sector diferente. No hablaban, no lloraban, no reían, no sentían, no pensaban...

Me llevaron a una especie de laboratorio. Allí había más niños, todos atados y estáticos, como yo. El olor a metal me dio náuseas. La "voz" nos recibió:

—Les damos la bienvenida. Les daremos un lugar para vivir, nosotros nos encargaremos de sus necesidades, no tendrán que pensar en cómo conseguir sus alimentos, disfruten.

Sentada a mí derecha había una niña que no dejaba de temblar. La miré y me devolvió la mirada. A mí izquierda había un niño más o menos de mí misma edad. Quise hablarles, pero la "voz" retumbó y no me permitió hacerlo.

Los niños con ojos de hielo nos dieron de comer. Creo que dormí, pero no sé cuánto, el tiempo no existía, no veíamos la luz del sol. Cuando abrí los ojos, vi al niño que hacía unos instantes estaba a mí lado enchufado a una máquina, una luz lo rodeaba y sus ojos se iban congelando.

Miré a la niña que todavía estaba a mí lado, los dos entendimos lo que estaba pasando, pero cómo escapar, cómo dejar de escuchar esa voz que nos adoctrinaba, que llenaba de palabras nuestro cerebro, cómo hacer para sacarnos las cadenas, cómo evitar que nos convirtieran en robots.

—Me llamo Roser, mis manos son más pequeñas que las cadenas —dijo. 

Me mostró sus manos libres y me ayudó a liberarme. Teníamos que convencer a todos de huir de ese lugar, teníamos que romper las cadenas que no nos permitían pensar. La "voz" era como una piedra que golpeaba nuestro entendimiento. Era correr o morir. Sabíamos que si seguíamos ahí dejaríamos de ser humanos.

¡Corrimos... corrimos para no morir!

Me pareció escuchar a Roser cuando me recordaba que los humanos somos seres sociales, que no estamos programados para la soledad, que necesitamos comunicarnos, dar y recibir.

Observé a Roser preparar el arroz con calamares con crema catalana, ella giró y me miró con los ojos encendidos. Después de comer, me fui a acostar. Antes de dormirme, conecté a Roser a su batería.

Principio y final - Dora

Rieles, vías, allí quedaron abandonados los vagones del Sarmiento. De lejos parecen esculturas inmensas, a veces fantasmagóricas. Derruidas, gigantes de acero, muertas. Dan la sensación definitiva del olvido en las injurias de tiempo y sus inclemencias. 

Amenazado el cielo, con los brazos enredados de cadenas, hasta oxidación. Numerosas tablas del piso han desaparecido y las que quedan, blanquean como osamentas de dromedario en el despierto y por los huecos, que dejan escapar un viento áspero, se escucha como chasquea el agua morena. 

Un chingolo salta de la polea, a un contra peso y no más sombrío que un pajarito revoloteando entre hierros inútiles. Y por dónde se mire, en torno de estos vagones, enfilados como condenados a muerte o patíbulos, no se comprueba otra realidad, que la paralización de la vida. 

En los carriles, las ruedas parecen, petrificadas, entre sus ejes, bajo las bóvedas de sus cuerpos piramidales.


Principio y final - Stella

Recibí su llamado e inmediatamente me puse en movimiento para averiguar cómo y porqué. Fui hasta su casa, pregunté a conciencia. Nadie sabia nada, todas sus cosas estaban en su lugar. Simplemente había desaparecido. 

No sabía cómo reaccionar... ¿Le habría pasado algo? ¿Se habría perdido? ¿O habría reaccionado, después de tantos años de lidiar con todos, de ser el paño de lágrimas de todos, de no sentirse querida sino usada como objeto, sin una muestra de cariño de ninguno de ellos?

Comencé a indagar por el barrio y cuando ya desistía, un niño me dijo que la vio subir, a la hora de la siesta, a un auto viejo de color azul. Comprendí todo, por fin se había decidido... había elegido a ese novio que nadie aceptó por distintos motivos, todos egoístas. Me sentí feliz y tranquila. Estaba peleando por su imposible. Se estaba jugando por ella.

Principio y final - Silvia

Creo que viajar podría estar un tanto sobrevaluado. La gente suele destinar bastante plata yendo tras ese anhelo y se endeudan más de una vez. Quizás por eso necesitan comunicar a propios y extraños que estuvieron en tal y cual lugar, aunque no venga al caso, o imponerlo como punto de referencia de cualquier tópico que se esté tocando (el transporte público está entre los preferidos). No está mal, es una manera de paladear una y otra vez los momentos vividos, como una suerte de recupero del gasto.

Los bares, fondas y tabernas son uno de los refugios favoritos del viajero urbano. Gracias a la globalización, y a las series y películas, son establecimientos casi estandarizados –al interior de las diferentes variantes– por lo que nos podemos sentir casi parroquianos en un bar de cualquier lugar del planeta.

El viajero ve casi como un deber que le vaya bien en sus viajes. Por eso, aunque ande solo, evitará contar lo largas que se le hicieron algunas horas y la confusión o la tristeza de haberse sentido un poco fuera de lugar en alguna situación (porque no siempre cuando se está retozando por el mundo lucimos la frescura y la elegancia casual de Julia Roberts en cualquiera de las películas en las que viaja).

Si se llega al punto de fatiga, puede pasar que toda la fascinación y entusiasmo se nublen y los detalles "exóticos" empiecen a fastidiar –dormir con edredón directamente encima del cuerpo en lugar de sábanas, la fondue resulta bastante aburridora y el pan bastante feo, escuchar todo el día otro idioma es realmente agotador. Ahí el viajero se repliega y procura tomarse una sopa en la cama hasta renovar el aire y así seguir (o volver).

Principio y final - Norma

Como podemos definir, recordando a nuestros antiguos sabios y filósofos griegos, de los primeros en debatir teorías en una forma sumamente especial, no eran muchos y compartían o no las mismas definiciones. Por ejemplo, Aristóteles, alumno de Platón. Ellos no coincidían en sus pensamientos e ideas y en ese momento el conocimiento no estaba al servicio de todos, sino sólo de aquellos que podían pagar para adquirirlo. Por lo tanto, ya venimos desde una época lejana, en que el poder económico era necesario para crecer, en forma personal, como así también para tener mayor fuerza y formar sociedades organizadas de acuerdo a las necesidades del momento. 

"Ha pasado mucha agua por el río”, alguien conocido dijo, y las cosas no han variado. Existen mil maneras de llegar al cielo, pero debemos elegir la más fácil, no la de Dante, que inventó para redimirse y lograr su más preciado tesoro, exonerar con castigos a veces inocuos a delincuentes feroces. O grandes punitorios a jóvenes amantes, cada cual decide el destino de acuerdo a su voluntad, decisión y poder momentáneo.

Dante no era muy feliz, pero enamorado de Beatriz quiso redimirse de sus muchos pecados y reunirse con ella, haciendo la travesía por los infinitos círculos de la divina comedia, acompañado de Virgilio. La verdad, los mitos y las leyendas, un stock de elementos tan lejanos, pero a la vez muy cercanos.  Todo esto alimenta nuestra fantasía, nos lleva a creer en magníficas posibilidades de éxito en nuestra vida o en decadentes escalones hacia la barbarie. 

Esta descripción parece muy antigua y fantasiosa, pero está muy de moda hoy día porque el hombre no deja de retroceder mil pasos cuando adelanta dos mil. La madre naturaleza nos pide por favor un descanso, un simple llamado a la solidaridad de todos los hombres y mujeres que pueblan este mundo y saben lo que están haciendo: traicionan, matan, cualquier cosa por un pedacito de tierra. Una guerra también porque hay muchos que nadan en la ignorancia y la locura y se olvidan, o bien se suman a vivir con esta ignominia. Destrucción del planeta, con ellos adentro. 

Pienso, luego existo (eso lo dijo un francés muy conocido), y a veces pensar es la nota que nos lleva a no ser tan pasivos, a jugar un poco con los momentos, a buscar pertenecer para participar o, a veces, alejarse para no pertenecer a una sociedad marcada por la indiferencia, esperando el final de una tragedia, como el último eslabón de una sucesión de personajes coloridos, de una familia muy mal compartida, cuya historia es mágica, llena de imágenes de colores, con una historia a puro machete. 

Color rojo por doquier y un bálsamo para el lector entusiasmado por la fantasía perenne de un montón de personajes, saltimbanquis circenses de la vida, aventurero y creador genial de un mundo lleno de papiros.  Todo esto es fantasía pura, porque yo siempre tengo en mi interior esa gran esperanza de que puede mover al mundo la fe. Si todos los hombres del mundo pusieran su granito de arena, formaríamos el desierto más grande del mundo.

Reflexión final - Fabiana

Este año viví, y creo que no fui la única, todos los estados de ánimo. Tuve días de alegría, de esperanza, de paz, pero fueron muchos los qu...