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Anagrama - Lilian

Por fin se sentía querida, por fin tenía a quien querer amorosamente y sin reparos. Ese bebé recién nacido le había completado el ciclo de buenaventura. Ya en la panza era una promesa de amor.

Lina era una criatura de 14 años, que andaba sola por caminos complicados, compartiendo refugios, hogares sustitutos, pobreza y marginalidad. Cuando el Pibe, sólo un poco más grande, había abusado de ella y se lo contó a la Jesi, ella le había dicho que si “quedaba”, lo dejara vivir:  era lo único que ellas podían tener, lo que nadie les iba a quitar.

Lo pensó y esperó al mes siguiente y al otro y al otro, porque no tenía períodos muy regulares, capaz porque tampoco comía bien, y mientras, siguió estando con el Pibe total qué iba a pasar… Cuando se confirmó la noticia, el Pibe y su banda la empezaron a tratar mejor. Si les daban o encontraban mejor comida la primera en probarla era ella, tenía el lugar mejor para dormir, si hasta le empezaron a buscar un catre, así que cuando encontraron un cajón forrado con un lindo papel de colores, lo limpiaron y se lo dieron para cuna.

Siempre había pensado que Jaunnalis era un apellido difícil, muchas veces le decían Linajota y listo, pero ahora el chiquito iba a llevar su apellido y a saber quién era su mamá, iba a buscar la forma de criarlo aunque fuera sola. La Jesi ya le había advertido que el Pibe y su banda seguro la abandonarían, que lo bueno era aprovechar el tiempo del embarazo. Y se cumplió, ni a conocerlo habían ido.

Le habían hablado de un lugar que era una especie de hogar, que podían cuidar a los chicos durante el día. Pero tenía que encontrar trabajo con 14 años y confiar que no le hicieran algún cuento y le quitaran a su hijo. Mirando la carita del pequeño imaginaba cada tarde regresando a buscarlo y también pensaba: ¿Dónde estará mi madre? ¿Quien sería mi papá?

Tenía que decidir el nombre, porque apellido ya tenía.

Yo, Lilian San Juan, me pregunto cuántas Linas Jaunnalis nos habremos cruzado por la vida sin darnos cuenta. Qué difícil situación la de estas nenas. ¿Cómo se sale de eso?

[Lilian San Juan - Lina Jaunnalis]


Anagrama - Claudia

Cuando llegue a la india me sorprendió la cantidad de gente que llenaba las calles, su pobreza, la falta de cuidados higiénicos, sus enormes templos y ella. Montaba un rulo de melancolía, entre pabellones alegres y sonrisas degolladas, me pidió que la llevara, que la amara, a cambio me regalaría un secreto.

Juntos recorrimos un demencial verano, el invierno psicótico, el Taj Mahal, el Fuerte Rojo de Agra, el Templo del Sol de Súria, el turbado Ganges con todos sus mitos reales y la vesania del Kamasutra en mi habitación de hotel. Nos perdimos en las pausas de conciencia y en desniveles sin sentido, en la lluvia paranoica, en la primavera trastornada y la insania del otoño.

Hace casi un año q regrese a mi casa, mi trabajo, mi vida pero guardo el secreto. Tenía acero en los ojos, la tez morena, olía a carda momo y menta. Se llamaba Diargin Claugi y fue mi Dia.

[Claudia Gigirin / Diargin Claugi]

Anagrama - Silvia

Fue siempre un tipo común. Le costaba poder reconocerse en el espejo; mucho más pensar una descripción de sí mismo en palabras. Todavía no sabía bien -cuando pensaba- si lo hacía en serbocroata o en español. Quién sabe por eso elegía casi siempre el silencio… para no tener que precisar si estaba en casa o en la escuela o en la calle y no tener que esforzarse en ubicar el sentido correcto del “translate” de serbocroata a español (y viceversa). 

Esa gimnasia que la había adquirido allá, cuando al natural desafío de la adquisición de la oralidad por la que atraviesan miles y millones de niños cada día en todo el mundo cuando pasan del primero al segundo o tercer año de sus vidas, en su caso debió añadir la alternancia del bosnio materno en gorjeos y tonalidades a veces dulces, a veces tristes y el serbocroata, el que siempre uniformaba, con el que era uno más entre todos.

Si, en una forzada síntesis binaria, se pudieran extraer dos imágenes de su paisaje natal, podría decirse que él trajo consigo la monocromía de los bloques híbridos de edificios donde creció, dejando atrás los sonidos y el brillo de cascada del bosque prístino que ahora sólo ve en sueños.

Es así, Tito nunca destacó. No es que se lo hubiera propuesto; ni siquiera se planteó tal cuestión en ninguna de las lenguas que supo articular. Así se fue dando su vida.

Hoy todas las radios y diarios hablan de él. Resultó ser un supercontagiador y su notablemente alta carga viral desencadenó una disparada de casos en la provincia donde vive. Nunca había destacado en nada y ahora está conectado a un respirador, sin saber nada de esto.

[ Silvia Sorichetti - Tito Isvilaresich]


Anagrama - Ma. Teresa

Familia anagramada

La familia Megoz había llegado al pueblo de Huapeja, para instalarse en su nueva saca. Era un ñueso altamente anhelado. Areste, la mama; Volados, el jefe de familia; los hijos, Ajuna y Lenida, la abuela Jalunia y la mascota chapon. Todos batancan de alegría y el ropre badrala sin parar. Comenzaba una nueva patea en su idva y pensaban aprovecharla al máximo. 
La idea era instalar un ciomerco, tal ver un necamal. El problema era su manera de harbla, no era muy fácil, que la tegen los entienda. Por eso pensaban, contratar a un tenaduya. Todo estaba listo, el nemacal abriría sus puertas al público, el día de mañana. El tenaduya se llamaba Juan, cruronza los dedos y abrieron las taspuer. Más o menos en una hora, el merpri teclien ingreso.
Buepo nopos dipi apas, enpe quepe lopo lopo puepedopo apayupu darpa.
La familia Megoz cerró las taspuer del necamel, ese mismo día. Se dedicaron a cultivar verduras y hacerse pasar por mudos.

Cualquier problema, con la lectura. Corre por cuenta del lector.

[María Teresa – Amira Areste]

Anagrama - Dora

Ador en el muelle
En la noche del dolor
Que han perdido el corazón
Amarrados al recuerdo,
Yo sigo esperando.

De ese amor, para siempre, me vas alejando.

Nunca más la vi
Nunca más su voz
Nunca más volvió.

Sueña marinero
Bebé tus nostalgia,
Llueve en el puerto
Llueve lentamente
Sobre su desolación.

Triste caravana sin destino, ni ilusión, como un barco preso, en la botella de figón.

[Dora San Miguel / Ador Manguels]

Anagrama - Norma

Parece el nombre de un barco. Ese barco que partió una madrugada envuelto en neblinas, garúa fina y vientos cálidos. Aquel que se alejó raudamente, no queriendo ver que dejaba atrás: casas entre montañas; apenas una luz olvidada; nostalgia, el pecho cerrado, y un grito de adiós que no quería irse. Todavía anidaba algunos recuerdos y dolía dejarlos.  Ya se irían, con el tiempo muchas cosas se olvidan. Y otras se mantienen en un rincón del corazón.

El agua se movía muy rítmica, como las olas, como el vaivén impreso en cada movimiento del barco, meciendo a las personas que viajaban en busca de una nueva vida, una vida más feliz, una vida más nítida, que mostrara la esperanza, la alegría y un color más vibrante, más intrépido. Las proezas del migrante que traza sueños en el aire.

Rodeados por el celeste intenso del cielo y el incomensurable mar bravío, se defendieron del tedio, el hambre, el pensar mucho y el hacer casi nada. Sobrevivir, compartir, añorar, durante casi cuatro intensos meses de viaje.

Tiempo para hablar y contarse historias, penurias olvidadas y esperanzas de proyectos compartidos. Cuántos hermanos, primos, tíos habrán soñado junto a esas maderas olorosas, a esos lugares inmensos, casi ocultos, protegidos y confiados de llegar, para concretar sus anhelos.

Así partían, así viajaban y así lograban que su audacia cumpliera su objetivo.  Cuando ya estaban cerca, sus ojos se agrandaban y extendían hacia esa costa, ese puerto que los esperaba, para recibirlos con agrado a todos ellos, que simplemente se alegraban de haber podido cumplir con su sueño y abrazar estas tierras que durante tantos años habían sido su objetivo.

Y ahí comienza para cada uno, una historia distinta. qué bueno para recopilarlas y contarlas. Nerima se animó a personificarse en ese gran barco lleno de sueños y alegrías...


[Norma Iriarte / Nerima Rotié]


Anagrama - Emiliano

Cuando nació el primer hijo del matrimonio Guldéz, surgió el conflicto de siempre: “¿Qué nombre le ponemos?”. Ambos padres, dueños de una muy fuerte personalidad, no estaban decididos a renunciar a sus pretensiones. Afortunadamente llegaron a un acuerdo. El padre, muy aficionado al Turf, quiso homenajear al que fuera el más grande jockey de la historia, Leguizamo, y su esposa no opuso resistencia cuando lo bautizó Irineo. Y la madre, aun siendo mujer, pero muy futbolera hizo lo propio con Kempes, quien fuera goleador del equipo campeón del mundo en el año 1978, y no halló resistencia a la hora de ponerle Mario. 

El chico salió bueno y particularmente dócil y deseoso de complacer a sus padres que querían verlo triunfar en ese tipo de actividades sin la consabida precaución de preguntarle acerca de sus gustos personales. Irineo Mario ya a los quince años medía 1.80 y pesaba 82 kilos, razón más que suficiente para que su padre desistiera de sus pretensiones. Y en el Fútbol carecía en lo absoluto de las más mínimas aptitudes, de modo tal que su mamá desistió resignadamente a su proyecto. 

En la actualidad Irineo Mario Guldéz es el primer violín de la Orquesta Filarmónica de Salta y los padres están orgullosos de él.


[Emiliano Rodríguez / Irineo Mario Guldéz]


Anagrama - Fabiana

Analía Falbero fue mi madre. Nació en Lanús, hija de italianos, y pasó su niñez en un conventillo. No sé si será la vida, los astros o el destino, pero su infancia dura la hizo una mujer fuerte, imponente y de un carácter sumamente difícil.

Conoció a mi padre en un baile de Carnaval, se casaron un 29 de febrero y vivieron juntos, a pesar de ser el día y la noche, durante 57 años.

Recuerdo que nos levantaba temprano, nos preparaba el desayuno y se sentaba al lado nuestro para ayudarnos en las tareas o tomarnos las lecciones. En los primeros años de escuela, la creía sabia, después supe que solo había cursado hasta 3 °.

Nos almidonada el guardapolvo y sus comidas eran simples, pero las mejores, heredadas de mí Nona y que ahora yo se las preparo a mis hijos. Todas las noches se sentaba en nuestras camas y nos escuchaba a mi hermano y a mí contar nuestras anécdotas del día. A veces nos leía poesías que aún recuerdo de memoria.

Mi madre fluctuaba entre la mujer alegre y cariñosa y la depresiva y a veces hiriente con sus palabras. 

Me gustaba pararme a su lado para verla teñirse y maquillarse. En una época en que las mujeres solían ir de batón, ella usaba pantalones y hasta calzas. Sé que hubo largas épocas difíciles en que no gastaba nada para ella, todo era para nosotros.

Era mandona, peleadora, quizá porque la vida la obligó a luchar. Creo que se dedicó demasiado a nosotros y se olvidó de vivir. No tenía amigas ni vida social y sé que eso la fue secando por dentro y sin querer entristeció a su entorno. En su vejez empezó a olvidar, confundir, pero hasta el final siguió dándonos órdenes y mandoneándonos, sobre todo a mí papá.

Mi madre marcó a fuego mí vida. Ahora que soy mamá empiezo a entender muchas cosas. Entre todo lo que me decía, repetía con la intención de ofenderme: "Vos sos igual a tu padre", a lo que yo respondía: “¡Gracias a Dios!”, y la hacía reír...

Me parece increíble estar diciendo esto, pero... ¡Te extraño, vieja!


[Fabiana Gallero / Analía Falbero]


Reflexión final - Fabiana

Este año viví, y creo que no fui la única, todos los estados de ánimo. Tuve días de alegría, de esperanza, de paz, pero fueron muchos los qu...