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Descripción - Alicia


Descripción - Norma

La casa abandonada 

Esa casa estaba desconocida. No había sido desde su nacimiento tal cual la estaba viendo ahora: sin cortinas, paredes deslucidas, polvo en los muebles apilados sin control. Parecía un depósito de todo aquello que ya nadie quería tener en su casa y lo dejaba allí. 
Una foto caída, olvidada, de una perra blanca, mostraba el brillo del piso en ese momento y la biblioteca con los libros que ya no estaban allí. En esa hora determinada en que había sido sacada la foto, la casa estaba orgullosa de ese piso de granito verde (lustroso y cuidado), los libros ordenados y la beatitud de ese hermoso animal. Hoy está llena de cajas o muebles en desuso y mal cuidados. Hay polvo por todos lados. Casi obsesiva la densa observación del abandono.
¿Quién había olvidado a quién? ¿La casa o el habitante de la casa? Era necesario saber la pertenencia, la causa del abandono. La necesidad de ser olvidada, para quizás poder abrir una ruta nueva, distinta.
Las paredes antiguamente habían sido blancas que ahora se había convertido en un color indefinido. Las puertas habían sido blancas también.
Se accedía a la casa por una grande, ancha y alta puerta maciza, pintada de un deslucido y memorable verde inglés. Después de un pequeño espacio, se encontraba una hermosa puerta cancel de dos hojas, con vidrio repartido, que se abría gentilmente dando una bienvenida especial al visitante.
Esa casa, hoy herida por el abandono y el olvido, tuvo hermosas cortinas de voile, transparentes y delicadas. Y el ventanal, hoy bajo, trabado, vencido por los años de uso y deterioro, esconde lo que otrora fue un jardín. Hoy está lleno de malezas, pastos altos, espesos árboles y un laurel gigante, añoso, que año a año se alzaba imperioso dando más y más hojas perfumadas, sabrosas, solicitadas y dadas generosamente con el beneplacito de sus dueños, hoy ya lejanos, olvidados, desaparecidos. Están en otro mundo, viviendo esta misma aventura que nos relata la historia de esta triste casa abandonada.

Descripción - Graciela

Era la casa más abandonada y antiestética de Castelar. Las malezas habían crecido tan altas que pasaban el metro y medio y tapaban los grandes ventanales del típico chalet de techos rojizos, marca registrada de la ciudad, otrora conocida como “Córdoba chica”. Hacía mucho tiempo que ya nadie la habitaba. Se notaba  no sólo por el descuido del jardín sino también por las tejas descoloridas y rotas, las maderas del techo, resecas y curtidas por el sol, el viento y la lluvia. El frente sin rejas también llamaba la atención en un barrio con casas protegidas por rejas de gran estilo y grosor. Era, sin duda alguna, de otra época en la que no se pensaba en los robos: las rejas de las ventanas eran más detalles de estilo que barreras de protección. Casa abierta. Casa añosa pero con una grandeza que la destacaba del resto. Sus faroles de hierro forjado resaltaban los detalles de la estructura de la casa. La glorieta de madera algo despintada que se situaba al fondo, todavía en pie, tenía formas arabescas que nos sumergían en un mundo de sueños olvidados, encuentros y desencuentros, alegrías y tristezas de quienes la habían habitado alguna vez. Pasaron los años y fue poco a poco despojada de sus materiales más nobles. Quedó su esqueleto y, luego, solo piedras y polvo. Lloré por dentro. Quizás, como ella, esperaba la llegada de alguien que la rescatara de tan triste final.

Descripción - Claudia

La piel casi transparente permitía ver las franjas anchas y moradas bajo los ojos negros. Mechones de cabello que iban en varias direcciones, recordaban a Medusa. Y tenía un andar oscilante, pesado, como si arrastrara algún yunque invisible. Olía a hojarasca calcinada, a brasa ardiente, a terremoto. Solía arrastrar su mano sobre la pared del frente y, como si fueran patas de tarántula, metía sus dedos por la ventana para luego dejar oír la vibración de sus cuerdas vocales como un sismo.

Descripción - Ma. Teresa

El Mellizo

Debo reconocer que el mellizo era un joven que metía miedo.
Los hermanos Gomez, mellizos, habían llegado al barrio hacía más o menos dos años. Nos enteramos de que eran mellizos por doña Luisa, la vecina. Todas las tardes, salía con su mascota a recorrer el barrio y, de ese modo, lograba enterarse de todo lo que acontecía en el vecindario.
—Son mellizos —le comentó a mi madre.
—Pero si no se parecen en nada —le respondió ella.
—Es que solo los gemelos son idénticos, los mellizos no.
—Con el carácter que tiene el más alto, no van a lograr hacer muchos amigos —prosiguió.
—No prejuzgue doña Luisa, no ha de ser para tanto. Que tenga un buen día.
A mamá, no le gustaba que las personas hablaran mal de otras sin casi conocerlos. De todos modos, cuando regresó a casa, me preguntó.
—¿Vos has tenido oportunidad de hablar con los vecinos de la casa de la esquina?
—¿Con los mellizos? —pregunté.
—Sí, con ellos. ¿Qué te parecen?
—Y... hay uno que mete miedo, el más alto 
—¿Y por qué?
—Siempre que pasa, he tratado de saludarlo. Pero sólo me mira con cara de pocos amigos y no responde. Además, esa barba tupida que tiene y la joroba en la espalda te intimida un poco.
—Eso no tiene nada que ver, no todas las personas pueden ser agraciadas, eso es prejuicio.
—Entonces, ¿por qué no saluda? No habla y siempre camina agachado, mirando para todos lados, como si buscara algo o a alguien a quien lastimar. En cambio, el hermano es otro tipo de persona, muy agradable
A pesar de todo, mi madre, me recomendó que fuera respetuoso y no hiciera ningún tipo de comentario impropio sobre ellos.
Pasó un tiempo y en el barrio comenzaron a ocurrir cosas extrañas: la desaparición del perro de doña Luisa y de la bicicleta azul de mi amigo Pedro, la rotura de vidrios de varios coches, algunos robos pequeños. Y lo peor era que de madrugada se escuchaban disparos.
Tomó intervención la policía. Todos los vecinos apuntaban a los vecinos más nuevos: los mellizos (poco se sabía de ellos). Y sobre todo, al más alto y raro.
Se los investigó un tiempo y, para sorpresa de todos, un día las autoridades allanaron su casa y sacaron esposado a uno de los mellizos, al más amable. Resultó ser que tenía un interesante prontuario.
Desde ese día, todos respetamos la manera de ser y vivir del otro mellizo, el raro. Pero, insisto, el mellizo metía miedo.

Descripción - Dora

Cada tanto se instalan linyeras.
Quieren usurpar la propiedad.
Sin limpieza, proliferan roedores, alacranes, cucarachas... Increíble: crecen árboles en el techo.

Profunda y silenciosa, era ella quién nos dejó. Voces lejanas se oyen.
La voltearemos justicieramente, antes de que sea demasiado tarde.
Me presento: yo soy la casa.
Esplendida, señorial propiedad antigua, muy espaciosa.
Mi maciza puerta de roble siempre entornada.
Se oyen pisadas, forsejeos. Casi nunca van más allá de la puerta de roble.
Un fuerte viento la cierra de golpe.
Los escucho en la parte del fondo.
Tengo miedo, es mejor no pensar. Pero no se puede vivir sin pensar.
Pero de noche se escucha cualquier cosa: la puerta de roble es maciza: me quedo escuchando los ruidos, notando claramente que son de este lado de la puerta de roble.
Los ruidos se oyen más fuerte, pero siempre sordos.
Nuevamente el viento cierra de un golpe .

Descripción - Virginia

Llego a mi pueblo después de tanto tiempo. Las ocupaciones y los compromisos no me permiten ir seguido. A pesar de ser tan cerca, ¡¡¡parece tan lejano!!!
Miro y las cosas parecen iguales, pero no. Comienzo a buscar esas grandes casas con zaguanes y ventanas a la calle. Cuando pasábamos se podía percibir un aroma muy particular, pero ahora hay negocios de ropa,  de adornos, hasta un shopping. Pero no me apeno porque yo vivo ese cambio.
Camino por el centro de lo que era pueblo y ahora es Ciudad. La plaza, el municipio, la Iglesia eso esta igual, es decir, en el mismo lugar, pero aggiornados: con nuevas plantas, con otra estética, fachadas modificadas. Pero a su alrededor todo está cambiado.
Percibo una cuidad para el adentro, rejas, que nos distancian. Yo recuerdo verjas bajas, muchas plantas y niños jugando afuera. Por las noches se sacaba una mesita a la vereda y comíamos allí. Lo mismo hacían nuestros vecinos y esos eran momentos de plena socialización.
Tantas historias contadas por mi abuela... no, perdón, mi bisabuela. Ella vivió hasta los 105 años, ¡¡miren si no habría historia para contar!! Los nietos las deseábamos y, como una sencilla conversación, ella nos relataba historias apasionantes. De más está decir que eso también cambió.
Camino y miro. Sólo miro y recuerdo.
Hay clínicas muy modernas, spas de descanso, nuevos hoteles. Me dicen que el Hospital sigue de pie. Los que eran pequeños negocios, estilo almacenes de pueblo, ahora son enormes espacios sofisticados de venta integral de cereales, todo rodeado de altísimos edificios, súper hermosos,  que reemplazan esas casa de las que hablé.
Pero veo que algunas galletitas han conservado los adoquines de sus pisos y allí hay nuevas cerveceras, espacios de encuentro, estilo vintage. ¡¡¡¡Todo es tan hermoso!!!!
Todos estos cambios me muestran a mi pueblo viviente, transformado y que transforma todos los estilos de vida.
Mi pueblo, que ahora es Ciudad es Lobos, sólo a 80 Km de donde vivo.

Descripción - Osvaldo

AMOR CON CHOCOLATE

Juan Pablo era un artesano que trabajaba la madera dándole formas especiales. Ana Clara, en cambio, se ocupaba de calentar los cuerpos de los aldeanos con un rico chocolate que todas las mañanas hacía para vender y de esa forma pagar sus gastos.
Con besos sellaron el inicio de una relación. Ella fue a comprar las facturas para el desayuno y él se puso a preparar un rico y humeante chocolate que a partir de ese día sería su compañía de todos sus desayunos.
Luego se instalaron en la habitación donde de a poco se fueron quitando la ropa. Él se encargó de la ambientación para crear un clima especial: todo a media luz, música suave, las dos copas de chocolate helado listas para el brindis. Él la invitó a bailar un sugestivo bolero, casi sin palabras... Besos, los primeros sin tanta pasión. Los próximos con total promesas de eternidad. Y casi sin darse cuenta, ya sin ropas, la cama fue testigo de una manifestación de amor contenido, fruto natural de dos seres enamorados.
El día continuó con nuevos brindis: otras manifestaciones que eran expresión evidente de un sentir interior que los unía. Llegada la noche sin tener noción de la hora que era, despreocupados y desprolijos (normal después de  un  día de amor) se ducharon y resolvieron salir en búsqueda de un lugar donde cenar, ahora como MARIDO Y MUJER.

Descripción - Emiliano

Siempre me inquietó saber qué había detrás de una casa abandonada. Suelo salir a caminar e imaginar una historia detrás de cada casa. Una casa siempre habla de su morador tal y como ocurre con los perros que terminan adquiriendo el temperamento del amo. Hay casas que son "fáciles", casas de egoístas, casas de envidiosos, casas de temerosos y así. Lo que no es fácil, y en ocasiones  es definitivamente imposible, es imaginar que hay detrás de una casa abandonada. Las he visto y en torno de ellas aún, y a pesar de elaborar muchas teorías, nunca pude llegar a conclusión alguna. Ah, sí, la mía pero no pienso referirme a ella.

Descripción - Darío

En el pueblo de los magos vive un hombre llamado Agumón, que tiene una casa pequeña que consta de una cocina, un baño, una habitación. Él vive solo con una mascota, un gato de nombre Po al que le gusta jugar mucho con algunos objetos que quizás no debería tocar y hacer cosas que no debería hacer, como rasgar los muebles de madera, tirar cosas, llevarse elementos de trabajo.
Un día Agumón estaba en su habitación trabajando con madera y en un momento aparece Po que de un salto le tira los elementos de trabajo. El hombre sale corriendo tras el gato para recuperar las cosas y poder seguir trabajando. Tiempo después recupera los materiales pero luego de unos minutos Po comienza a rasgar las cortinas que aparecen todas rotas. Entonces este hombre decide castrarlo como una posible solución a los hechos que habían ido dando. En un corto plazo Po se tranquiliza y los dos viven felices.

Descripción - Fabiana

Él la amaba por sobre todas las cosas. Con Mirna a su lado podía imaginar la vida en cualquier lugar de la Tierra. El sonido de su voz, su dulce aroma a rosas lo cautivaba. Alegre, ruidoso y atrevido se desvivía por seducirla. Sabía escucharla, no la condenaba ni la juzgaba y lo hacía con la paz que a ella la atraía como agua al sediento. Le escribía poemas a mano, en un cuaderno cuadriculado de escolar: tenía varios, todos pensados para esa mujer que era un torbellino en su vida. Solo quería hacer el amor con ella, conocerla profundamente y aceptarla, pasar la mañana del domingo en la cama desayunando juntos hasta tarde, caminar de la mano, reírse de tonterías y discutir ideas.
La vida los había unido hacía 30 años: Mirna lo atrajo desde el primer instante que vio sus ojos transparentes, su risa contagiosa , su desparpajo e inteligencia. Tocaba el cielo con las manos cuando recorría su cintura y acariciaba su piel blanca.
Ahora después de haber compartido con ella hijos, tristezas, alegrías, salud, enfermedades, riquezas y pobrezas, solo sueña con tomarla en sus brazos y fundirse en su pelo hasta que su vida se apague.

Descripción - Lilian

Inesperado
Fue realmente una sorpresa que Marisa incluyera mi nombre para participar de una charla/entrevista con un ceramista cubano que vino a la Argentina a mediados de los 90. Era una oportunidad de conocer de primera mano una situación complicada y bastante secreta. Por lo tanto, acomodé los horarios de mis hijos y de mi trabajo y fui decidida a disfrutar.
Ya sentada en una banqueta alrededor de la gran mesa del taller, creí sentir alguna pequeña corriente en mis tobillos, pero nada demasiado relevante. A medida que iban llegando fui testigo de la presencia del gato de la casa. Sentado sobre sus patas traseras, muy erguido al lado de la puerta de entrada, parecía el portero que amablemente dejaba entrar y ubicarse en su lugar al que llegaba para luego refregarse por las piernas dejando su marca de feromonas y volver a su lugar. 
Cuando estuvimos todos y la anfitriona hizo la presentación del invitado, el gato trepó al tercer escalón de una estantería y desde allí pareció estudiar al auditorio con una mirada intensa. Se ve que ahí no era un buen lugar o que vio algo mas interesante porque enseguida bajó y caminó majestuosamente por la mesa despertando la hilaridad de la mayoría. Pero su destino estaba un poquito más allá… estiró sus manos sobre mi hombro izquierdo y dando un pequeño salto se acomodó rodeando mi cuello. Contuve la respiración. ¿Sabía ese animal que de todas esas personas tal vez la única que le tenía cierto recelo y desconfianza era yo? A pesar de que me parecen muy estéticos, en general no quiero mucho a los gatos. 
Marisa vino rápida a salvar la situación y cuando lo levantó, con sus uñas clavadas en mi pullover, maulló de una forma que resonó durante bastante tiempo en mi cabeza haciéndome olvidar del artista y su mensaje. ¿Habrá sido tan interesante la conferencia del cubano?

Reflexión final - Fabiana

Este año viví, y creo que no fui la única, todos los estados de ánimo. Tuve días de alegría, de esperanza, de paz, pero fueron muchos los qu...