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Anagrama - Norma

Parece el nombre de un barco. Ese barco que partió una madrugada envuelto en neblinas, garúa fina y vientos cálidos. Aquel que se alejó raudamente, no queriendo ver que dejaba atrás: casas entre montañas; apenas una luz olvidada; nostalgia, el pecho cerrado, y un grito de adiós que no quería irse. Todavía anidaba algunos recuerdos y dolía dejarlos.  Ya se irían, con el tiempo muchas cosas se olvidan. Y otras se mantienen en un rincón del corazón.

El agua se movía muy rítmica, como las olas, como el vaivén impreso en cada movimiento del barco, meciendo a las personas que viajaban en busca de una nueva vida, una vida más feliz, una vida más nítida, que mostrara la esperanza, la alegría y un color más vibrante, más intrépido. Las proezas del migrante que traza sueños en el aire.

Rodeados por el celeste intenso del cielo y el incomensurable mar bravío, se defendieron del tedio, el hambre, el pensar mucho y el hacer casi nada. Sobrevivir, compartir, añorar, durante casi cuatro intensos meses de viaje.

Tiempo para hablar y contarse historias, penurias olvidadas y esperanzas de proyectos compartidos. Cuántos hermanos, primos, tíos habrán soñado junto a esas maderas olorosas, a esos lugares inmensos, casi ocultos, protegidos y confiados de llegar, para concretar sus anhelos.

Así partían, así viajaban y así lograban que su audacia cumpliera su objetivo.  Cuando ya estaban cerca, sus ojos se agrandaban y extendían hacia esa costa, ese puerto que los esperaba, para recibirlos con agrado a todos ellos, que simplemente se alegraban de haber podido cumplir con su sueño y abrazar estas tierras que durante tantos años habían sido su objetivo.

Y ahí comienza para cada uno, una historia distinta. qué bueno para recopilarlas y contarlas. Nerima se animó a personificarse en ese gran barco lleno de sueños y alegrías...


[Norma Iriarte / Nerima Rotié]


Instrucciones de uso - Norma

Las copas

¿Cuántas clases de copas hay? Infinidad. De vino, agua, champagne, coñac. Dentro de cada una de ellas hay diversas formas y tamaños, altas, bajas, incluso colores, grosor, calidad. El cristal tiene un sonido especial, pero hoy en día se mezcla la vajilla de una forma poco común, elegida, arbitraria, vintage.

Aclarado el tema, cada uno elige la que le gusta y se adecua para su uso cotidiano, familiar, personal o para sus reuniones favoritas. También hay que recordar que antiguamente se acostumbraba a tener vajilla de porcelana y copas de cristal. Hoy en día todo viene bien: moderno, antiguo, bienvenidos son.

Algunas son muy panzonas y están de super onda para tomar vino especialmente. Y las ya conocidas altas, delgadas, muy estilizadas son para tomar champagne.

La boda

Hermoso juego de cristal color celeste agua o cielo, modelo clásico, compuesto de cuatro tamaños, licor, agua, vino y champagne.  Ese soy yo, ese hermoso juego expuesto en ese bonito local, donde se hacen las famosas listas de casamiento.

Cuando llegaron esas dos señoras muy acaloradas, miraron por todos los estantes, buscando en las cristaleras y, finalmente, dudosas, se acercaron a mí. Yo soy junto a mis compañeras una parte de esas 48 copas que conforman el gran juego destinado a la boda de una pareja, que goza el tener una gran familia, y una gran cantidad de amigos.  Me sorprendí por el apuro, que demostraban tener, al estar tan agitadas, pero al escucharlas conversar, me di cuenta de que estaban buscando algo especial, distinto, no muy moderno, pero si bien completo. Y ahí estaba esperando este conjunto de copas muy bonito, color celeste como el cielo.  Decidida la compra, con gran esmero, me embalaron con sumo cuidado. La entrega estaba pactada para el próximo martes y la misma se haría en la casa de la pareja, directamente. No habría exposición de regalos.  

El martes señalado llegamos, como estaba previsto, a la casa de la nueva familia.  Se encontraba en un bonito barrio residencial, lleno de jardines muy verdes y floridos. Nosotras estábamos muy contentas de haber resultado elegidas y con ganas de conocer a nuestros felices dueños. La caja donde estábamos tenía por fuera un montón de franjas donde decía “frágil”, por lo tanto, con sumo cuidado fuimos ubicadas en un lugar preferencial, para luego ser aseadas y colocadas en nuestros aposentos. 

Ese día especial llegó y cuando abrieron la caja vimos dos caras mirándonos con agrado y especial interés en lavarnos y guardarnos en la cristalera del hogar. Primero, éramos las de champagne, porque íbamos atrás, éramos muy altas.  Pero la señora que se ocupaba de nosotras no tenía muy buena onda, como dicen, porque primero se le rompió una, un suspiro de sufrimiento por parte de la damita joven que vio el estropicio y, a pesar de las disculpas de su familiar, al segundo, la otra cayó con estrépito dentro de la bacha. ¿Fue a propósito?  Mató a dos de mis hermosas hermanas. Estábamos todas afligidas y con gran temor a ser una de las próximas víctimas. Esa mujer no solo tenía mal karma, además era una envidiosa, porque ella no tenía un juego tan bonito de copas.  Yo creo firmemente que era de esperar ese destino, porque muchos años después, nosotros nos quedamos con la dama joven en el reparto, que siempre nos quiso bien y nos conservó con cariño. En realidad, fue ella las que nos eligió y nos pidió con gran decisión.

 

Principio y final - Norma

Como podemos definir, recordando a nuestros antiguos sabios y filósofos griegos, de los primeros en debatir teorías en una forma sumamente especial, no eran muchos y compartían o no las mismas definiciones. Por ejemplo, Aristóteles, alumno de Platón. Ellos no coincidían en sus pensamientos e ideas y en ese momento el conocimiento no estaba al servicio de todos, sino sólo de aquellos que podían pagar para adquirirlo. Por lo tanto, ya venimos desde una época lejana, en que el poder económico era necesario para crecer, en forma personal, como así también para tener mayor fuerza y formar sociedades organizadas de acuerdo a las necesidades del momento. 

"Ha pasado mucha agua por el río”, alguien conocido dijo, y las cosas no han variado. Existen mil maneras de llegar al cielo, pero debemos elegir la más fácil, no la de Dante, que inventó para redimirse y lograr su más preciado tesoro, exonerar con castigos a veces inocuos a delincuentes feroces. O grandes punitorios a jóvenes amantes, cada cual decide el destino de acuerdo a su voluntad, decisión y poder momentáneo.

Dante no era muy feliz, pero enamorado de Beatriz quiso redimirse de sus muchos pecados y reunirse con ella, haciendo la travesía por los infinitos círculos de la divina comedia, acompañado de Virgilio. La verdad, los mitos y las leyendas, un stock de elementos tan lejanos, pero a la vez muy cercanos.  Todo esto alimenta nuestra fantasía, nos lleva a creer en magníficas posibilidades de éxito en nuestra vida o en decadentes escalones hacia la barbarie. 

Esta descripción parece muy antigua y fantasiosa, pero está muy de moda hoy día porque el hombre no deja de retroceder mil pasos cuando adelanta dos mil. La madre naturaleza nos pide por favor un descanso, un simple llamado a la solidaridad de todos los hombres y mujeres que pueblan este mundo y saben lo que están haciendo: traicionan, matan, cualquier cosa por un pedacito de tierra. Una guerra también porque hay muchos que nadan en la ignorancia y la locura y se olvidan, o bien se suman a vivir con esta ignominia. Destrucción del planeta, con ellos adentro. 

Pienso, luego existo (eso lo dijo un francés muy conocido), y a veces pensar es la nota que nos lleva a no ser tan pasivos, a jugar un poco con los momentos, a buscar pertenecer para participar o, a veces, alejarse para no pertenecer a una sociedad marcada por la indiferencia, esperando el final de una tragedia, como el último eslabón de una sucesión de personajes coloridos, de una familia muy mal compartida, cuya historia es mágica, llena de imágenes de colores, con una historia a puro machete. 

Color rojo por doquier y un bálsamo para el lector entusiasmado por la fantasía perenne de un montón de personajes, saltimbanquis circenses de la vida, aventurero y creador genial de un mundo lleno de papiros.  Todo esto es fantasía pura, porque yo siempre tengo en mi interior esa gran esperanza de que puede mover al mundo la fe. Si todos los hombres del mundo pusieran su granito de arena, formaríamos el desierto más grande del mundo.

Las perras - Norma

Esa noche de febrero, regresaba del cine y cuando estaba llegando a Glacé, estacioné el auto sin poder resistir comprar mi helado preferido. Cuando salía, había unos cuantos perritos blancos, todos en fila, salvo uno que enfiló hacia mi auto y yo, amigablemente, lo corrí: me gustan los perros, siempre tuve perras, pero no era el momento ni sentía el menor deseo de tenerlo. Había perdido a Tasha y me convencí de no tener más perros. Pasaron dos semanas, aproximadamente, y cuando transitaba por Carlos Casares vi a dos de los seis perritos, pero me llamó mucho la atención una blanquita, menuda y muy flaquita. Se le notaban las costillas, me dio pena, pero seguí adelante.

Una noche, quince o veinte días después, mi hija me mandó un mensaje: “mamá, no sabés, pobrecita, una perrita blanca, se le notan las costillas de lo flaca que está. La quise traer a casa para darle de comer, comió algo,  pero la otra chumbaba. Estaban asustadas, tenían miedo y se fueron”. Yo pensé  qué tranquila estaba mi vida y le contesté: “bueno, mañana me doy una vuelta para ver qué puedo hacer”. Al otro día,  acomodé una manta en el asiento de atrás  y me dirigí hacia el lugar en que suponía podían estar. Y tal cual, estaban descansando sobre el césped, frente a una casa cerca de la casa de mi hija. Estuve hablando con ellas, no las podía convencer hasta que manchita, fondo blanco con manchitas negras y ojo tipo pirata, se sentó y me miró a los ojos. le acaricié el cuello y la cabeza con energía y le hablé bajito. Se entregó, la levanté y  la metí en el auto, quedó tranquila. El tema era la otra, blanquita con las orejitas con manchas marrones, encorvada, con los ojos rojos y las costillas muy notorias. Daba vueltas alrededor del auto y no paraba. Seguramente, al no ver a su hermana, después de un buen rato, se sentó en el mismo lugar y, hablándole suave, le hice la misma caricia. Ahí noté la necesidad que tenía de amor y cuidado, estaba totalmente entregada a su suerte.

"¿Y ahora? ¿Qué hago?" Las llevé a casa y les hice comida, estaban famélicas, desesperadas. Le avisé a mi hija, para llevarlas al veterinario esa misma tarde. Al otro día, baño en la esquina de las mascotas. Realmente quería ayudarlas, encontrarles un dueño, hay gente buena que quiere adoptar perritos. Hice carteles, fueron publicadas en Facebook en todos los grupos de Capital, de San Martín, Palomar, en Cuatro Patas, en todos los negocios del barrio, en los cursos a los cuales concurría.

Manchita, que ahora es Robertita, estuvo un día en casa de una chica, cuya familia nunca había tenido perro. Duró 24 horas. La chica me llamaba cada dos horas y la última vez me dijo que la perra estaba  temblando. La fui a buscar de inmediato y, en el coche, agradecida, nos lamía la mano a mí y a mi  hijo. Y Blanquita, que ahora se llama Zuri, era imposible de acomodar porque le tenía miedo a todo el mundo. Y además el chumbar era su arma de ataque. Ambas se refugiaban en mí.

Conclusión: las dos chiquitas se quedaron conmigo, por supuesto. Las encontré un 16 de marzo del 2017 y según la veterinaria tenían aproximadamente un año en ese momento. Después de todos los intentos de adopción, ellas me adoptaron a mí, no hubo otra posibilidad. Si yo contara todos los cambios que tuve que hacer en mis costumbres y los desastres que han hecho estas perritas en mi casa, cuando estaban solas...   Deben haber sufrido mucho el abandono y el hambre, porque les costó mucho dejar costumbres adquiridas en la calle: el miedo a la gente, a los camiones o colectivos. 

Existen medios para evitar nacimientos no deseados en los animales, existe una responsabilidad en los humanos, cuando tienen animales.  Ellas hoy tienen su casa, su almohadón para dormir, con mantitas de abrigo. Duermen adentro y tienen a su mamá que las cuida, las alimenta y las protege. Son muy cariñosas y compañeras. Y lo que  más puedo destacar son sus ojos cuando me están mirando: demuestran una confianza absoluta y un amor inmenso, son tan agradecidos...

Sus saltos de alegría cuando me reciben a la mañana, sus besos, su demanda de caricias es constante. A veces, están las dos pidiendo atención y terminan jugando arriba mío como si fuera lo más normal del mundo. Ellas son Zuri y Robertita, mis perritas.


La estatua - Norma

Los clones peligrosos


Estaba terminando el último capítulo de un libro fascinante, cuando sonó el teléfono. ¿Quién sería el inoportuno?, me pregunté. 

—Hola, sí, Javier, ¿qué querés a esta hora? 

Del otro lado, mi primo, muy arrebatado, me decía “venite ya, que quiero que veas algo imposible de creer”. Con mis mejores modales y una gran paciencia me dirigí a la habitación de Javier. Estaba pegado a su telescopio de última generación, con un zoom impresionante. Hasta una hormiga a 5000 metros podía ver. Y me llamaba desesperado para que viera lo que sucedía a casi 150 metros de su balcón.

—Fijate, fijate bien esos hombres ahí, cerca de la fuente, donde está la estatua, al lado del roble. ¿cuántos hay? —me preguntó. 

—Cuatro —le contesté  yo— ¿Pero son todos iguales? —le pregunté. 

—Sí —me contestó— pero seguí mirando, a ver si sale alguno más. 

—¿De dónde? le pregunté 

—De la estatua. 

—¿Me estas cargando? 

—No, dale, prestá atención. 

A los cinco minutos vi salir otro, de la misma estatura, con la misma ropa. Acerqué el zoom y les puede mirar las caras. Sí, eran todos iguales, pero se peleaban entre los dos y luego los otros les explicaban algo.  Se iban todos juntos pero calmados. ¡Qué situación rara e inexplicable!

Javier, ya más sosegado, los siguió hasta donde se dirigían, constató dónde entraban y luego comenzó a contarme la aventura increíble: esa era la tercera noche que sucedía esto mismo. Ya había contabilizado ocho hombres iguales. Venía uno, tocaba la estatua, salía un hombre bastante violento y armado, pero no sé cómo se calmaba cuando el que lo ayudaba le explicaba algo. Después se iban juntos hacia ese galpón que estaba al fondo, por ese camino de tierra,  a 200 metros de donde estabamos.

Lo malo era que nosotros habíamos llegado hacía dos días y si esta gente estaba juntando hombres para armar un ejército o una banda de envergadura, ¿cuántas personas serían en total? 

La semana anterior estaba mirando la televisión y decían que en Alemania unas 300 personas habían realizado un acto con la bandera del Tercer Reich frente al parlamento. Y se suponía que había alrededor de 30.000 personas adeptas al partido. Esto había que hablarlo con alguien de confianza y que tuviera poder como para investigar y accionar. 

El tema era que estábamos de vacaciones en la casona de los abuelos y teníamos que comunicarnos con el inspector en jefe, amigo de nuestros padres. Marcel Linarét nos conocía desde chicos y podíamos confiar en él.

Al día siguiente, bien temprano, desayunamos rápido y nos fuimos para el centro. Ya le habíamos sacado el número de teléfono de la agenda a  mi papá, para avisarle con tiempo y encontrarnos con él, a la hora del almuerzo.

Javier comenzó con la historia desde el principio y yo corroboré lo sucedido la noche anterior. Nos escuchó atentamente, luego decidió ir a casa por la noche para confirmar los hechos. No teníamos que comentar nada porque resultaba increíble.

A la misma hora, desde la misma ventana, estábamos los tres observando qué sucedía cerca de la fuente. Y sí, otra vez la misma situación. No cabía dudas, era una operación de gran envergadura. Sólo quedaba la investigación inmediata y el accionar del servicio secreto.

Cuando investigaron en el galpón, que además contaba con 100 hectáreas para realizar el entrenamiento y era vivienda, depósito de armas,  garaje de camionetas especiales,  encontraron 250 hombres iguales, uniformados, entrenados para destinarlos a  menesteres de origen desconocido. Lo que nunca supimos fue quiénes eran los responsables directos de esta confabulación absurda y gigantesca, criminal y dantesca. Todavía no me alcanzan los apelativos más desagradables para nombrar esta operación perversa, agresiva, terrorífica, cuyo único fin era dañar y perjudicar a gente normal, de una ciudad como la nuestra. 

Esos hombres no eran seres humanos comunes. Eran asesinos y, como tales, tenían que desaparecer de la sociedad.  Ese plan ya estaba en marcha, como la desaparición de la estatua, que gestaba estos macabros clones. Cuando termino de leer un libro o luego de ver una película rara, siempre pienso lo mismo:  “la realidad supera la ficción.

El ticket - Norma

Desde lejos, sentía el sonido de las sirenas que se repetían por un lado, siguiendo como a corta distancia el retumbar de los truenos. Luego, empezaban los gritos, las bocinas de los autos y, finalmente, una lluvia caótica que golpeaba contra los techos y las ventanas en forma muy embrujada, porque parecía que se abrirían solas en cualquier momento.

Mientras tanto, yo, anonadada, no salía de mi estado impávido, tapada hasta la cabeza con la manta del sillón de la sala, compañero fiel de mis películas, siestas sorpresivas y lecturas deliciosas a granel, con mil aventuras a cubrir.  

Normalmente hubiera salido disparada para averiguar qué sucedía, pero estaba en estado de pausa, como dicen los aparatos electrónicos cuando no funcionan. De repente, de la nada, surgió un tren dorado y muy iluminado. En realidad, parecía un arbolito de navidad por los colores, pero era un tren de verdad, hermoso, con sus butacas de terciopelo rojas, azules, amarillas, grises. El guarda me aviso muy cortésmente que debía subir a la brevedad porque la salida sería en pocos minutos más.

La tormenta arreciaba y yo pensaba cómo iba a subir la maleta, el bolso y el paraguas. Afortunadamente, el guarda me estaba esperando con un gran paraguas, que más bien parecía una carpa. Era de todos los colores, no faltaba ninguno. Me acomodé en un compartimento especial, con todas mis cosas, sin haber sentido caer una gota de lluvia sobre mi cabello.

Al rato, lógicamente,  me pidieron el ticket del viaje. Me pasé media hora pidiendo disculpas y buscando afanosamente el dichoso pasaje por todos los bolsillos de mi ropa y de mi bolso. Pero no lo encontraba. Ya desesperada por la situación (menos mal que el tren había partido), sentí como una ráfaga de viento que venía del pasillo y algo entró raudamente posándose en mi regazo,.

Cuál sería mi sorpresa al ver el famoso ticket, tan colorido como todo el tren y con una  pequeña flecha  dorada, que lo atravesaba verticalmente, indicando tres estaciones muy importantes: la primera era Manigot, la segunda era Florence y la  última era Inverter. Entre ellas, había otras pequeñas estaciones no tan importantes, pero sujetas a la misma posibilidad.

Mi destino era Florence. Me esperaba mi familia para las fiestas de pascua. Estaba ilusionada con la reunión, ya que seríamos casi 25 personas que hacía tiempo no nos veíamos y deseábamos compartir la fiesta que tanto nos ilusionaba.

Lo mas extraño era que las butacas ocupadas eran solo las rojas y las grises. Y los compartimentos estaban ocupados, pero no compartidos, como suele hacerse normalmente ¿Habría menos gente que en años anteriores? No me preocupe demasiado, estaba muy cómoda. Cuando busqué el ticket no lo encontré, había desaparecido nuevamente. Ya lo habían controlado, pero yo necesitaba saber a qué hora arribaríamos y no quería llamar al inspector.

Bastaba que yo lo necesitara para que el señor ticket viniera volando. No sé dónde se escondía, pero aparecía de golpe y cuando lo quería guardar, me esquivaba. Literalmente, desaparecía.

El salón comedor era una lindura especial, muy elegante. Las mesas con sus manteles esplendidos y la vajilla perfecta. Los platos eran de un color celeste mar y cielo conjugados; el mantel, con un suave estampado en colores pasteles y las servilletas lisas, de un color similar a la vajilla. Velas por doquier y un servicio exquisito en todas las comidas que realizamos en el tren.

Estaba preocupada, pero después de cenar decidí ir a dormir temprano. Nos faltaba un buen trecho para llegar a Florence. Llegaríamos después del almuerzo. A la mañana siguiente, como había dormido de un tirón, no presté atención a la estación, pero sí  noté que habían cambiado a la gente del servicio y el inspector no era el mismo. Estaban controlando nuevamente a los pasajeros.

Mi situación se agravó porque el ticket no aparecía y el inspector actual no era tan amable como el anterior. En la mesa del desayuno encontré debajo de mi taza un ticket bastante parecido, pero no me correspondía. Lo guardé por si acaso, tratando de encontrar al verdadero. Me sentía  un poco atribulada por la situación, pero no hubo problemas.

Cuando llegué a Florence, al bajar, le di el ticket verdadero que había aparecido como de costumbre.   Pude terminar el viaje feliz y tranquila. Mi familia estaba esperando mi llegada para ir a casa. ¡¡¡Qué felicidad!!!

Ya estaba instalada, con absoluta tranquilidad, fuera del tren y en paz. Mientras leía un libro en el jardín, tomando un té con un placer infinito, de reojo vi algo pequeño y dorado apoyado en una esquina de la mesa. Cuando me di vuelta, era el ticket que desaparecía en forma constante y ahora se posaba, se adosaba a mí, sin pedirlo. Cuando me retiré de la mesa, noté que cambiaba de lugar y se apoyaba en el mueble donde había dejado mi libro. Y más tarde me acompañaba por toda la casa. 

Realmente me voy a dormir, he pasado un día agitado, necesito descansar.

¡Qué bochinche hace este despertador! Es para resucitar a los muertos. ¿Lo habré puesto muy alto? 

Me desperecé y vi el sol brillando atravesando las cortinas de la habitación. Muchas ganas no tenía de levantarme, había tenido un sueño muy raro, que no tenía explicación. Pero había que preparar muchas cosas ese día. Me dirigí a la cocina a desayunar.

Sentí un zumbido, me asustó porque pensé en una abeja, pero no.  Estaba untando la tostada y de refilón vi un pequeño cartón en el centro de la mesa, que no había visto antes o que no estaba. Seguí tomando el té con la idea de la agenda a cumplir. Pero el cartoncito seiba aproximando despacito hacia mí.  Pensé y me pregunté si estaría viendo visiones. Desde que había llegado a la cocina ese cartón me estaba persiguiendo, como en el sueño. Desconcertada, lo atrapé al vuelo, justo cuando sonó el teléfono.

Era Marina que, a borbotones, me preguntaba si había sacado las entradas para la función de Eric Shagall, el famoso artista que se presentaría en el teatro dentro de dos semanas y ya se habían agotado. 

De golpe entendí los avisos del ticket y todos sus esfuerzos para avisarme. Ahora entendía por qué me perseguía en el sueño. Apenas me levanté continuó insistiendo para recordarme el compromiso que había asumido en comprar los tickets y que había olvidado totalmente.

No sabía qué decirle a Marina, pero ella me confesó que había comprado ya las entradas. En realidad, le habían conseguido un palco a muy buen precio, una magnifica ubicación y no podía perder esa oportunidad. Mi suspiro de alivio lo tomó como muestra de  alegría y reconocimiento. Nos despedimos: "Bueno, nos vemos en la oficina". "Dale, ok. Besos".

Con lentitud y con la taza de té en una mano, fui acercándome al ticket que, quietito, sólo dejaba que me acercara sin atreverse  a moverse de su lugarcito, casi escondido entre el dulce y el plato de tostadas. Lo tomé con la mano, mirándolo atentamente y, oh, sorpresa, tenía una flecha dorada en vertical. Decía "Estacion Manigot, Florence  e Inverter"y la fecha del ida anterior. Al darlo vuelta,  entre las estaciones intermedias estaba Shagall y decía, en letras doradas, “Acuérdate de visitarnos”, como si fuera un recordatorio.

En realidad, mis sueños son una mezcla de películas, historia, colores, dibujos y nunca tienen un significado real, hasta después de que suceden. 

Frase prestada - Norma

Ayer estaba en el jardín con un libro muy interesante, abstraída en su lectura, cuando un movimiento fugaz atrapó mi atención. Ya había percibido ciertos rumores extraños. Pero pensé en un primer momento: "Estoy alucinando. Imposible que suceda algo así. Estoy sola, ni siquiera se mueven las hojas".
Decidí entrar para observar desde la ventana que sucedía. Asombrada, vi cómo las pequeñas macetas se escondían asustadas de las altas sombras que se extendían sobre ellas, quizás amenazantes o, tal vez,  protectoras del sol, del viento, de las intensas lluvias. Más sorprendida quedé cuando, luego de un rato de idas y venidas, saltos sorpresivos y una danza espectacular entre las aromáticas y los rosales todo volvió a estar en calma. 
Un día de estos voy a compartir una hermosa aventura en el jardín de mi casa. Quizás invite a mis perras.

Un día en el inframundo - Norma

Una noche en la tierra de los muertos

Esto sucedía en la ciudad de Santa Cecilia, en Padova.  Marcela pensaba.

Ese día fue todo distinto. No entendía nada, pero quería irme lejos. No me sentía segura de todo lo que estaba por venir. Pensaba en los últimos finales, en todas las compras, en el arreglo del departamento. Me encantó desde el principio, pero lo había imaginado para mí sola. No quería compartir ni siquiera el baño, ni el balcón grande, aterrazado.  Podría tener un perro y  algunas plantas, no muchas.

Llamé a Vanina y le dije que necesitaba hablar con ella.  Vino rápido y solícita para apoyarme en todo lo que necesitara. Le confesé que no podía continuar con todo y que necesitaba hacer algo rápido, ya. Inventamos una historia, la pusimos en práctica. Y ya estoy en el otro mundo.

Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, Giovanni...

Nervioso, de un lado al otro, parecía estar  esquivando bultos. Se sirvió un gran vaso de whisky y lo dijo finalmente: "No puedo seguir con esto. Mi libertad no tiene precio". Su amigo Enzo lo miró sin entender y le pregunto:

—¿Qué te pasa?  

—Muy simple: no me pienso casar. Quiero disfrutar mi vida de soltero, tener la vida que llevo ahora. Cada uno en su casa,  vernos siempre que queremos y hacer nuestra vida. Y cada uno de regreso a su refugio. Hay que pensar en algo. 

Y  lo  hicieron.

Al día siguiente, la familia y los amigos de ambos, Marcela y Giovanni, lloraban mientras recibían mensajes cruzados de los amigos y familiares.

Mientras tanto, Marcela, en la costa Dalmata, disfrutaba de una playa increíble con su amiga Vanina, pasando un día fantástico, alucinante. Por la noche, regresaban al hotel, porque pensaban salir a bailar. Al mismo tiempo, Giovanni y Enzo, en un lugar cercano a Portofino, se disponían a planear algún divertimento.   

En el mismo instante, ambos recibían la noticia de la muerte del otro. Marcela no podía creer semejante barbaridad, se sentía acongojada y muy triste, angustiada. Giovanni se sentía perdido, confuso, desesperado ante semejante noticia.

gicamente, ambos habían sido responsables de su propia muerte. Ambos habían decidido abandonar la vida, para no casarse. Habían querido librarse de una vida en común mintiendo. Pero ambos se sentían  tan mal que no sabían qué hacer. 

Pasaron dos días pensando en sus paseos, en sus viajes, en las horas pasadas juntos y cuánto habían  disfrutado todo eso. Era tanto el sufrimiento de ambos, que se hacía imposible continuar una vida normal. Pensaban en volver a ver nuevamente a su ser amado y la única solución era visitar ese misterioso lugar que existe y al cual...

Solicitaron visitar la tierra de los muertos: deseo concedido, chicos, vayan y disfruten.

El lugar estaba lleno de colores, la naturaleza era burbujeante, exuberante, misteriosa, pero no tanto. Caminando te encontrabas con gente amable, gentil. Nada que ver con los círculos tristes y amargados del Dante en La divina comedia, en donde se seleccionaban los pecados y se ubicaba a la gente por categoría.     

Giovanni entró por el sur, penosamente, pero se asombró de la alegría del lugar. Marcela, muy aconjogada, se asomó por el norte y observó todo con dudosa actitud. Se encontraron en el camino, se miraron a los ojos y fue tanto el amor que sintieron, que fluyó entre ambos. No podían hablar, sólo mirarse y darse cuenta de la estupidez que habían cometido. No hablar, no explicar. Sólo desaparecer. La ausencia es simplemente una negación. En ese momento solo pudieron mirarse. Apenas tomarse de las manos.

Cuando descendieron, si estaban arriba, o ascendieron, si estaban abajo, pudieron colmarse de abrazos, besos y caricias a granel sin explicaciones. Sólo después de un tiempo, ya repuestos pudieron reconocer sus acciones y comprender cuánto de bueno había  sido la decisión de ambos con esa noticia de muerte. Resurgir y tomar la vida con una nueva y absoluta decisión inquebrantable de continuar juntos en la ruta de la vida.


Una noticia en cuento - Norma

 Don  Juan Carlos, el casanova actual

¿Han oído ustedes las novedades de último momento? Pues es fatal el desenlace de  una historia real porque es verdadera, pero también real porque pertenece a la realeza.

Hace más de 40 años, hubo una pareja que decidió compartir su vida o, al menos, así se decidió de forma programada, entre dos países de lenguaje dispar, de costumbres mediterráneas, pero de  historias totalmente  diversas.

Quizás Sofía, la joven, lo hizo por amor, tal cual Constantino, su hermano, lo demostró al casarse con Ana María, su único amor hasta el final de su vida.

No sucedió lo mismo con el caballero Don Juan Borbon, propio de su estirpe y afanado rigor. Ya demostró desde joven ciertas tendencias a profesar su amor con demasiada prodigalidad. Fue afortunado al recibir el reinado que tanto su padre deseaba, pero no lo obtuvo porque el generalísimo franco así lo decidió. A pesar de su constante y vigilante obsesión, finalmente el joven ganó.

La nueva pareja parecía de novela. En España, Sofía no era ni siquiera valorada o al menos apreciada. Tuvieron  tres hijos, dos mujeres y un varón. El rey seguía con su gran afición. Cuando la reina Sofía lo advirtió, tuvo la intención de abandonar su puesto, pero su madre sabio consejo le dio: “Si te separas, siempre estarás de visita, de lástima, y sin lugar fijo donde residir”. Por lo tanto, desde hace años que la pareja no es pareja, es solo la fachada de un gran acto teatral. 

Opino que Felipe es digno hijo de su madre. No solo físicamente es muy parecido, sino que creo, humilde opinión, que posee su dignidad y entereza. Y un futuro de rigor. Lo adivino por la historia y comportamiento de su padre. Egoísta al máximo, abandona el barco luego de un comportamiento y acciones poco lícitas o dignas de un rey o de un ser humano, simplemente.

Hoy en día, Sofía, la reina madre, es querida y admirada por su coraje, fortaleza  y dignidad  por el pueblo español, más que el propio rey, diría yo. Ni decir de la nueva consorte joven, Letizia, de la cual no hay opiniones seguras ni certeras. Muchos rumores y pocos buenos, a decir verdad.  Como todas las noticias desde hace un tiempo atrás, nos dan los hechos en los que participa activamente  el famoso Don Juan Carlos. El último parece que fue una importante suma de euros que ha destinado generosamente a su hermosa y joven amante danesa,  según dicen las malas lenguas. El famoso Don Juan sigue siendo famoso por su postura sin dudar, de requiebros amorosos y aventuras de caza elefantinal. Esta palabra es un poco divertida, pero si recuerdan ese momento puede combinar.

Cuánta hipocresía salta y sangra por las venas de los reinados de esta Europa grande, antigua, misteriosa, necesitada de hacer pactos y contrapactos para poder tener el poder necesario de hacer crecer el reinado de cualquier forma. Lo importante era ser el más grande y rico, a costa de una persona, o muchas. Vivas o muertas, lo necesario. Eso sucedia en el siglo pasado. Hoy desaparecen de la actualidad social. Vamos a pensar que si el caso es necesario nadie lo sabrá, menos yo que en ese espacio real no estoy, ni pienso estar.

Bueno, el tema empezó porque Don Juan Carlos decidió escribir una nota a su hijo,  actual rey del país, comunicándole que ha decidido abandonar España. Y esto ha sido la excusa para contar la intimidad de toda una familia real. Tan real es la familia que pertenece  a la realeza española y así seguirá, con sus vaivenes, tropiezos, rumores.  Continuará hasta donde le permitan llegar. Hay una heredera para ese trono ya. Pero eso será otra historia que  queda en el aire y a volar.

De último momento, han llegado noticias nuevas y el rey Don Juan Carlos ya decidió su destino. Cuando muchos suponían que sería portugal, destino de su abuelo real, él simplemente ha dicho  que su lugar será República Dominicana.

Este hombre ha decidido vivir a pleno lo que le queda por delante, seguramente sin problemas económicos, atendido a cuerpo de rey, valga la redundancia, en una casa veraniega, un palacio latinoamericano, en una hacienda antigua ya preparada por el señor desde hace tiempo. O simplemente en un hotel 5 estrellas, todos de capital europeo, quizás español, como ha sido la conquista y la colonización.


Coctelera de chats - Norma

Siento que soy una privilegiada. Agradezco cada día el poder darme cuenta de lo simple, hermoso  y sano que puede ser nuestro devenir en este momento o en cualquiera en que vivamos. Este presente es bastante conflictivo para todo el mundo. Tratemos de tener la esperanza y la fe del resurgir. Positivos. Pero también empezar a respetar, cuidar y sanar nuestros movimientos, pensamientos y acciones. La naturaleza nos necesita, aboguemos en su favor y quizás estas agresiones y pestes abandonen nuestro territorio.
Para encontrar  la veta de la esperanza, necesitamos volcarnos  al color que el otoño nos dejó, con su hermosa paleta de colores. La pintura nos lleva a recordar esa magnifica e inagotable muestra de colores y sus mil matices. Hace unas horas, cuando publicamos nuestro trabajo semanal de fotografía, una compañera dejó en mí una fascinación con la foto de dos niñas pequeñas y rubias, ambas,jugando con las últimas hojas ocres amontonadas en la acera, cerca de los árboles cuyas ramas se destacaban por la absoluta ausencia de ellas. Absortas, ingenuamente atareadas en la tarea, formaban una imagen sublime, pictórica, digna de emular cualquier obra del siglo pasado o de alguna famosa pintura expuesta en algún museo europeo..
El arte en todas sus formas es la medicina natural que nos llena de gozo al disfrutarlo plenamente, y nos acaricia el alma a cada instante. El color inunda nuestros ojos y arriba muy pronto a nuestro corazón. Agradezco todo en la vida, también el poder discernir entre los colores, los pinceles  y la tela que está esperando ansiosa ser valorada con el amor de su dilecto amigo, el artista que la pueda crear.
Sí, parecían salidas de un cuento. No lo podía creer cuando las vi. Igual les saque con el tele desde el auto. Me gustaron todas las fotos, pero las nenas son un poema. Una belleza. Hasta los colores armonizan con ellas, tan rubias, y las hojas con esa gama de ocres: una pintura.
Y el último fue un video con la canción "Resistiré".

Reescritura - Norma

A veces en las tardes, lleva a los perros a dar un paseo, por los alrededores de su casa. Como uno es muy joven y la otra muy vieja, es difícil lidiarlos a ambos al mismo tiempo, pero a ella se le dan las empresas necias así que se larga a la calle con una correa en cada mano y cada perro hilvanando a su correa. Así la tontería, tuvo un percance que pudo terminar en calamidad.
Vive cerca de una mujer a la que admira desde hace mucho tiempo. Fue la primera persona a la que entrevistó en aquella época rara en la que le parecía creíble poder ser periodista. La China era una mujer fantástica cuya belleza llena de fábulas ha sabido contarlas entretejiendo las palabras hasta volverlas un retablo barroco y sonoro como como las propias historias. Lila disfruta visitarla cada vez que puede, que es casi nunca. Llegó a su casa como si nada e irrumpió en su tarde para retomar una conversación que no se terminaba. Eso hizo, pero para lograrlo tuvo que cruzar una calle abigarrada de autos a los que les urge alcanzar la luz verde en el siguiente semáforo y corren tras el amarillo sin detenerse en los paseantes. Como ella teme a sus despistes, se fijó muy bien antes de lanzarse al ruedo. Cuando le pareció pertinente, les dio la orden a los perros y caminó sin más. El joven corrió estirando la correa, pero la viejita se detuvo en seco y como la tiró para apurarla y está más flaca de lo que parece, su collar quedó en sus manos mientras ella meneaba la cabeza como preguntándose por qué tanto ajetreo. De repente, Lila tenía un perro del otro lado de la calle y otra inamovible a sus pies. No sabía que hacer. La elección estaba entre tirar de uno o pescar a la otra. Tiró la correa del Nino pidiéndole que no se moviera de la acera que había alcanzado temblando y levantó a la otra del suelo al que parecía pegada. Mientras tanto, y para su fortuna, los automovilistas se habían detenido a contemplar el espectáculo de su trastabillar. Como pudo alzo a la viejita y corrió a serenar al otro pobre, que la miraba sin saber quién estaba más perdido.
Cuando llegó a la casa de la China, sintió lo que debió sentir Colón al pisar tierra. Y todo a dos calles de su casa.

[El viento de las horas, Ángeles Mastretta]

Desenlace - Norma

Katia era una mujer de gustos exquisitos, ideas extrañas y vida realmente especial. Pasaba sus días en su trabajo en la bodega de su padre, en la elección de todo lo referente a la  comercialización de las distintas cepas de vino que allí cultivaban y con las que luego producían un vino de excepción, para pocos elegidos.
Pero el gran amor de Katia era soñar con un mundo distinto, una galaxia a su  mano, para ordenar cada planeta, cada estrella y formar un nuevo orden, lleno de satélites y modernas naves danzando por el celestial universo, cumpliendo su deseo, organizar una comunidad de gente con sus mismos objetivos.
Hacía tiempo que investigaba y escribía acerca de sus sueños, ayudada por las obras de grandes estudiosos y apoyada por un grupo de gente que sentía las mismas  ansias. Ya había publicado varios libros al  respecto y había obtenido una excelente respuesta de muchos adeptos. Algunos habían formado parte de una zaga exitosa, que la había catapultado a la fama.
Ella estaba entre esos dos grandes proyectos de vida que la mantenían muy ocupada. Estaba en pareja con Nicolás, arquitecto, con quien  formaría en un futuro muy cercano su familia.
Días después, cuando regresaban  a casa, al atardecer el sol iluminó una cesta al costado de la ruta, cosa que sorprendió a los jóvenes, los lleno de curiosidad y los hizo frenar para ver de que se trataba. Gran sorpresa: dentro una hermosa mamá perra, con sus recientes bebés bien tapados y protegidos,  los miraba compungida. Estaban abandonados a su suerte. Ambos se miraron muy sorprendidos y de acuerdo mutuo, Nicolás se dispuso a llevarla al coche, cuando apareció un perro muy semejante a la perrita de la cesta, pero de un color un poco mas claro. Ya estaba la familia completa. Aún más sorprendidos, nuevamente se miraron y vieron que el nuevo integrante no oponía resistencia. Los seguía y subió muy rápido con la cesta, y ellos a la camioneta, con gran soltura y felicidad. Una nueva aventura que arrostrar. En realidad, Katia y Nicolás amaban  a los animales. De hecho, tenían tres perros esperándolos en casa. Cuando llegaron y entraron con los nuevos huéspedes, fueron recibidos con una serie de ruidos raros, fueron husmeados de pies a  cabeza, y finalmente aceptados con  resignación. 
Los bebés crecieron y quedaron en casa con toda la familia y sus tres hermanos. Todo estaba en su punto para completar la búsqueda final de la felicidad. Habían realizado la presentación del nuevo  Malbec, proveniente de una cepa especial. El último libro de Katia había sido un éxito total en ventas.
Pero entre la pareja había surgido una gran grieta, difícil de sortear. Nicolás había desaparecido abruptamente, luego de una discusión incomprensible. Katia, desolada, no comprendía  al principio la situación y, cuando tomó debida nota de la misma, decidió  buscar el lugar ideal para refugiarse y vivir en paz.
Sin despertar sospechas, logró un lugar muy especial, una cueva en una montaña no muy lejana que le recordaba las cuevas que existen en Turquía y fueron habitadas durante diversos períodos de la historia por las distintas tribus y comunidades. 
Había visitado la ciudad de Capadocia y pasado varias  noches en un hotel construido en las cuevas de piedra, muy  confortable. Decidió recluirse con sus animales, grandes y leales compañeros, en una cueva arreglada para tal fin, durante el resto de su vida.
Katia, como al principio dije, era una mujer exquisita, de ideas extrañas y vida especial. Pero había decidido vivir  en paz. Escribió una carta muy especial, con muy pocas palabras, y se alejó de la sociedad.

Sputnik - Norma

Hoy es un día muy especial.
Sumire decide cambiar su vida. Los hábitos y costumbres en sus comidas y, también, buscar ver la vida desde otra Óptica. Su intención es vivir más en su interior, en su conciencia.
Han pasado muchas cosas en estos últimos tiempos: la pérdida de sus padres, recuerdos imborrables que aún perduraban en su memoria, por el amor que siempre le dieron desde su más tierna infancia hasta su adultez. Con la comprensión y comunicación que mantenía con ellos habitualmente.
Luego de estos hechos lamentables, se le vino encima la última materia que debía preparar en la facultad para  terminar la Licenciatura en Psicología. Tan preocupada estaba que había dejado de lado amistades profundas y de larga data, que asiduamente la invitaban a reuniones a las que no asistía por su dedicación al estudio.
Finalmente, había aparecido ese sentimiento inexplicable y súbito que había nacido en su corazón por una mujer, Magda, que ocupaba gran parte de su vida y que había acabado con sus fuerzas, ante la agonía y muerte del amor de su vida. Ante semejante situación, sus fuerzas flaquearon y decidió tener un tiempo sabático para repensar en sus decisiones futuras. Ya había terminado con  la facultad y ya más serena logró determinar tomarse un tiempo para controlar su vida desde un ángulo más espiritual. Necesitaba descubrir qué camino la podía conducir a la felicidad.
Compró un pasaje para viajar por la India y Nepal y conocer cada ciudad oriental que pudiera darle a conocer la sabiduría que estaba buscando para aplacar las dudas que cada día le surcaban la mente.
Munida de un bolso muy cómodo y una pequeña valija, partió muy decidida a encontrar las respuestas que estaba buscando en una aventura bastante desconocida. Había reservado lugares de meditación, retiros y experiencias de toda índole para abrirse a ese nuevo conocimiento totalmente desconocido para ella hasta ese momento.
Llegó y fue alojada en una especie de convento antiguo, muy fresco, con sus techos altos y grandes ventanas a través de las cuales se apreciaba una gran vegetación, altos árboles muy verdes y  múltiples animalitos propios de la zona que jugueteaban en las ramas de esos poderosos protectores  de la naturaleza.
Pasaron pocos días y logró comunicarse muy bien con algunas personas del lugar, compañeros que hacía tiempo estaban viviendo en el lugar. La gente muy afable, servicial y comprensiva, le daban una paz y alegría y la compensaban con  energía  positiva y ganas de proyectar a futuro.
Hacían interesantes debates luego de charlas profundas. Leía mucho para poder entender el significado de todas esas nuevas palabras que ingresaban a su nueva carrera del conocimiento  espiritual. 
Así mismo, la vestimenta, cómoda, fresca y amplia la hacían sentir más libre y no tan pegada a la  uniformidad de la moda actual. Estaba en otro país, lejos de la uniformidad de la moda occidental.
Solían almorzar, en lugares pintorescos, comidas de variado sabor con condimentos tan sabrosos y diversos, que comenzó a sentirse feliz de haber optado por hacer ese viaje tan soñado. Solían probar los diferentes postres que les ofrecían a cada paso.
Pasaron los meses. Recorrió ciudades en trenes llenos de gente. Hizo amigos y con ellos pudo vivir experiencias maravillosas en lugares donde la naturaleza supera cualquier idea, dibujo o sueño muy soñado. Valoró lo mucho o lo poco que se puede hacer, comprar o vivir con mucho o poco que se pueda tener para comprar o canjear. Observó lo poco que tienen muchos y cómo lo comparten, y lo mucho que tienen pocos y cómo ostentan. Y así nació otra Sumire: serena, sabia y amante de la vida natural, simple y sencilla, conocedora de la mente humana y de su propio valor  ante la vida. En busca de la felicidad, del amor y de la familia.
¿Habrá encontrado su verdadero camino?

Personajes y personas - Norma

Les quiero presentar a un personaje normal en principio: trabaja todos los días para mantener a su familia. Sus padres y hermana forman un grupo especial. No tienen buena relación con él. Este extraño personaje se siente disminuido, despreciado, sin el afecto de su familia y el reconocimiento de su entorno. Vive una vida solitaria, descolorida.  Esa trágica sucesión de hechos lo convierte de la noche a la mañana. Una transformación humana a la más desagradable sensación degradante de verse en el espejo y sentirse el más miserable y repugnante insecto.
Él,  como ser humano, dueño de un raciocinio natural, en lugar de salir e independizarse de ese grupo agresivo,  ya que era el único que trabajaba, cae en la depresión más profunda. Decide hundirse en la ciénaga de su propia desdicha. Y morir, sin ningún lugar a dudas.

[Gregorio Samsa]

Descripción - Norma

La casa abandonada 

Esa casa estaba desconocida. No había sido desde su nacimiento tal cual la estaba viendo ahora: sin cortinas, paredes deslucidas, polvo en los muebles apilados sin control. Parecía un depósito de todo aquello que ya nadie quería tener en su casa y lo dejaba allí. 
Una foto caída, olvidada, de una perra blanca, mostraba el brillo del piso en ese momento y la biblioteca con los libros que ya no estaban allí. En esa hora determinada en que había sido sacada la foto, la casa estaba orgullosa de ese piso de granito verde (lustroso y cuidado), los libros ordenados y la beatitud de ese hermoso animal. Hoy está llena de cajas o muebles en desuso y mal cuidados. Hay polvo por todos lados. Casi obsesiva la densa observación del abandono.
¿Quién había olvidado a quién? ¿La casa o el habitante de la casa? Era necesario saber la pertenencia, la causa del abandono. La necesidad de ser olvidada, para quizás poder abrir una ruta nueva, distinta.
Las paredes antiguamente habían sido blancas que ahora se había convertido en un color indefinido. Las puertas habían sido blancas también.
Se accedía a la casa por una grande, ancha y alta puerta maciza, pintada de un deslucido y memorable verde inglés. Después de un pequeño espacio, se encontraba una hermosa puerta cancel de dos hojas, con vidrio repartido, que se abría gentilmente dando una bienvenida especial al visitante.
Esa casa, hoy herida por el abandono y el olvido, tuvo hermosas cortinas de voile, transparentes y delicadas. Y el ventanal, hoy bajo, trabado, vencido por los años de uso y deterioro, esconde lo que otrora fue un jardín. Hoy está lleno de malezas, pastos altos, espesos árboles y un laurel gigante, añoso, que año a año se alzaba imperioso dando más y más hojas perfumadas, sabrosas, solicitadas y dadas generosamente con el beneplacito de sus dueños, hoy ya lejanos, olvidados, desaparecidos. Están en otro mundo, viviendo esta misma aventura que nos relata la historia de esta triste casa abandonada.

Objeto - Norma

Él es muy sutil y etéreo. Muy blanco. Sólo lo usan las bellas mujeres, anche niñas. Esas graciosas gacelas, livianas como la espuma de jabón, o las pompas que vuelan hasta romperse al chocar simplemente con el aire, en pleno vuelo. Es muy sencillo, pero es tan delicado... Es necesario cuidarlo muy bien. Es frágil aunque tenga varias capas. Es tan tierno y suave como la sonrisa de un bebé. Cuando está solo, apoyado en un lugar especial, esperando, uno con mirarlo se hace dueño de sus propios sueños. Cuando están juntos forman una armoniosa sincronización de elegancia, pasión, movimiento, todo en una absoluta unión maravillosa que nos hace sentir el gozo más profundo en el alma. Salta y gira  sin medida, se agita y se apaga en el instante. Acompaña, crea y dibuja formas. No es su dueño. Él tiene dueñas frágiles, delgadas, bonitas, buenas y no tan buenas. También alguna malvada. Pero siempre nos fascina su hermosa aparición, bajo esas luces brillantes, con algún pliegue principesco, su donaire y tradición. Si él falta, y puede hacerlo, no es lo mismo. Todo cambia.
Él es, simplemente, una parte fantástica de ese sueño.

[El tutú de una bailarina]

Limón - Norma

Hola terricolas, soy Pikator, de un  planeta pequeñito más cercano a Saturno, que ustedes aún no conocen.
Estoy tratando de averiguar algo, porque normalmente todas las noches con el telescopio los miro cuando cenan, o toman un trago antes de cenar. En realidad los observo a menudo porque siempre pienso que ustedes tienen muchas cosas, que para nosotros son innecesarias. 
Llevan una vida muy agitada. Hay tránsito de autos chicos y autos grandes. Hay gusanos largos que corren más rápido y llevan más gente. Hay tantos negocios, casas y departamentos. Todo esto lo sé porque además en nuestras clases  nos enseñan sobre la actividad que ustedes desarrollan en la casa, en el trabajo y en todas partes. Son como los cohetes, van de un lado al otro.
Nosotros tenemos una organización distinta. Vivimos en edificios divididos de otra forma y equipados con elementos muy prácticos. No necesitamos hacer todo lo que ustedes hacen. Nos alimentamos con comidas  preparadas  que  directamente proviene de una extensión de la pared, y los líquidos vienen directamente de un surtidor. Tenemos varios surtidores de distintos gustos.
Yo veo que ustedes ponen los alimentos sobre una llama y los sacan de un gabinete donde los guardan durante varios días.
Mi planeta es grande pero no es sucio como el de ustedes. Nosotros somos muchos pero no estamos todos juntos, tenemos espacios entre unos y otros.
Les comento, tengo que hacer un trabajo y por ello me dirijo a alguno de ustedes para que me ayuden a prepararlo. Además de comunicarme, también puedo mandarles una foto, no soy tan distinto de ustedes. Y ustedes piensan que son  los únicos en el mundo.
El universo está lleno de terrícolas (los que viven en la Tierra), venusinos (los de Venus) y así cada uno. Pero nosotros tenemos un montón de cosas en común y otras no tanto.
Tengo que hacer un trabajo para la escuela y debo conocer un limón. ¿Me pueden decir qué es y cómo lo consigo?

Esta carta fue interceptada por uno de esos raros aparatos que pululan por el espacio y llego a mis manos rápidamente, no sé aún cómo. Lógicamente enseguida le contesté a Pikator. y le envié un mensaje que el leyó a través de su telescopio.
Ahora bien, ¿cómo le hacía llegar el limón  para que pudiera hacer su  trabajo y yo pudiera hacer el mio?
Gran dilema...
Pero no existía ningún problema. Parecía ser que ellos tenían comercialmente contactos con algún exportador que les hacía llegar el producto mas inverosímil del mundo en pocas horas. Tenían medios de transporte muy avanzados. Nosotros proveníamos de eras prehistóricas.
Usando el telescopio como medio de comunicación le mostré láminas del fantástico limón, con todas las características necesarias para  encargarlo en forma inmediata. Y así fue que tuvo en su poder una cantidad aproximada de 50 limones al día siguiente. 
Cuando comenzó a investigar, primero lo metió en un aparato que lo desintegró. Quedó hecho una mezcla de jugo, cáscara y semillas. Luego lo partió en dos partes y sacó el jugo. El tema es que en un momento tuvo como diez limones en diversas formas.
Estaba ocupado haciendo su trabajo, cuando llegó gente a su casa. Eran sus abuelos. Al verlo le preguntaron qué estaba haciendo con tantos limones. Pikator se sorprendió porque no sabía que lo conocían ya que en su planeta no había visto ni un solo ejemplar.
Primero su abuela le explicó que de donde ellos venían era muy común usarlo en la comida y en la repostería. Y para un sinfín de usos mas. Ellos venían de un país en donde había mucha gente que vivía estresada, con muchos autos y camiones, en ciudades no muy  limpias y con gente que a veces era muy fanática, como los jugadores de fútbol. Pero lo que más me sorprendió era que el país, de acuerdo a la traducción se llamaba Río Joven (River Juniors).  ¿Les recuerda algo este nombre?
Finalmente y con la ayuda de sus abuelos, él pudo sacar sus propias conclusiones.
Es una hermosa fruta, de un hermoso color, de una textura a veces suave, gruesa, indicada  para rallar, y de un sabor ácido pero que rebajado con los líquidos que salen de los surtidores les da mayor sabor. Además la agregó a la comida y le supo mas rica. La frotó por su piel y sintió su  perfume y la suavidad que deja.
Con este material realizó un trabajo muy bueno que hasta a su profesor sorprendió. Y a mí una gran moraleja me dejó: somos muy iguales en el fondo, solo necesitamos educación y una frase que siempre me impacta. “Si todos los hombres del mundo hicieran, quisieran, pudieran otro seria  el resultado final".

Lectura de imágenes - Norma

Es un paisaje muy  especial, aunque se lo considera de inspiración abstracta.
Apenas nos enfocamos en él vemos un gran ciprés verde, muy oscuro y ancho que se extiende hacia el cielo, casi tocándolo.
A lo lejos se divisan las casitas de los habitantes del pueblo y la iglesia, cuyo campanario se eleva erguido. El pueblo no se ve  oscuro. Más lejos se adivinan los campos.
El cielo está vestido de azules intensos, como bordado con ondas más claras que van y vienen como jugando, y se destacan como bolas de lana más clara que esconden luces. Y hay un cuarto de luna amarilla rodeada por las ondas que pasean por el cielo. El firmamento está alegre y contento.



Autorretrato Literario - Norma

Soy lo que parezco ser: una mujer común. Con el cabello pintado y mis canas al viento. Me he rebelado y las muestro. Suelo ser bastante ácida. Sutil cuando quiero. Pero normalmente cordial. No me teman. Eso sí, me cansa la insanía del pensamiento. No me gusta en una persona algo falso y pretencioso. Mi imaginación se ha nutrido de historias verdaderas y de ficción, y he vivido mil vidas sin moverme de mi sillón. Por eso recuerdo entre tantos, los colores y las imágenes de los Buendía, o los trágicos días de los Karamazov. El mundo raro del Barón Rampante o la belleza de ese lugar especial donde Meryl Streep vive su gran amor en África Mía.  He sido espía, poeta. He vivido aventuras increíbles, vidas trágicas, amores imposibles y desbordantes. Y hoy estoy aquí feliz de estar, porque he descubierto que, en mi lugar, tengo todo lo que anhelo.

Reflexión final - Fabiana

Este año viví, y creo que no fui la única, todos los estados de ánimo. Tuve días de alegría, de esperanza, de paz, pero fueron muchos los qu...